... y regalarte cada mañana de viernes una poesía.
Y atravesar el quicio de la puerta (ya) echándote de menos.
Y descontar minutos hasta tu siguiente sonrisa.
Y desear los viernes despegados de la silla y
los desayunos de los sábados con pan recién tostado,
mermelada,
mantequilla.
Y repetir verano en el fin del mundo.
Así transcurren nuestros años juntos.
Deslizándose alegres por tus OjOs de OtOñO.
«cuando un dedo apunta al cielo, el tonto mira el dedo»
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La paella de mi padre. Nada que ver con una paella, pero cerca de las
noventa vueltas al sol no seré yo quien le niegue su momento de gloria al
preparar ...
Hace 1 día