A diez pasos de las escaleras de la parada de metro de Duque de Pastrana hay una marquesina de autobuses. Esta mañana, a las ocho menos cuarto, bajo la marquesina había cinco o seis personas que se guardaban del frío y miraban hacia la izquierda. Al fondo de la calle, suspendida en el cielo azul profundo, estaba la luna llena de febrero, enorme debido a su proximidad a la tierra. Ilusa, pensé que todos contemplaban la luna hasta que llegó el bus, evidentemente por la izquierda, y se montaron todos y le dieron la espalda y ella, vergonzosa, fue escondiéndose tras una nube densa que ni siquiera dejaba pasar su luz.
Hace tiempo que no me bebo un ron miel...
la mar desde lejos
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La fe, como el amor, es una cosa rara. Ya lo dejó dicho *Berrio*. La fe
mueve montañas, dicen. *Sísifo *las desciende y remonta. Pero la fe, más
bien des...
Hace 2 semanas







