jueves, 24 de febrero de 2011

Ahora

... ahora que apenas quedan horas. No dejo de pensar en este poema que tanto cuenta entre / sobre / de nosotros.

(...)
Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.
(...)

Fragmento de "Aunque tú no lo sepas"
del Luis García Montero

jueves, 17 de febrero de 2011

Deseo

Amanecer-te.
Atardecer-te.
Tenerte.

lunes, 10 de enero de 2011

El séquito de Amor

En su rutina matutina había siempre tiempo y lugar para una especulosa selección de palabras.
Al salir de la ducha, mientras se cepillaba el pelo, se sentaba en el brazo del sofá y miraba con detenimiento a la estantería. Ellas, que conocían sus costumbres, se sentaban al borde de cada hueco y esperaban. Algunas, las más coquetas, pestañeaban y se contorneaban cuando ella pasaba su mirada sobre ellas. Otras, las más tímidas, se sonrojaban y hundían su cabeza en el cuello de sus camisas. Había muchas que suspiraban porque estaban cansadas de que nunca, nunca, nunca en sus años de vida las hubiera pronunciado. Había otras que cotorreaban y chismorreaban tan alto que le hacían poner cara de grima... "No, por favor, silencio... a estas horas, la ciudad duerme y vosotras estáis ahí montándola". Aquella mañana escogió de nuevo la palabra "Sonrisa". Sonrisa se estiró como una gata cuando la acunó su mano y miró hacia las otras sonriendo... Ampliamente. Buscó entre los colores y cogió el "Rojo". Rojo se saludó con sonrisa y esperó impaciente para ver quién era la siguiente palabra escogida aquella mañana de lunes post-"todo". Sin embargo, ella guardó las dos palabras en su bolso junto con la cartera, las llaves, el gloss y el paraguas y se fue.

En el trayecto, Rojo se comió el coco pensando si lo declinaría o no y Sonrisa, a su vez, se sintió muy sola y triste y pensó que lo ideal hubiera sido coger a otro par de sus exactas gemelas para hacerle compañía...

Después del café, se sentó con sus palabras. Él se vino a su mente y fue entonces cuando necesitó de Sonrisa. Miró por la ventana y pensó que no soportaría mucho tiempo más la distancia y el invierno, este cocktail molotov que, tan solo gracias al Rojo profundo de su amor, estaba haciéndose medianamente llevadero. Rojo, felizmente no declinado, se sintió orgulloso de formar parte del séquito de Amor y, entre risas y cuchicheos, saludó a tantas otras compañeras de viaje... Mariposas, mimos, carcajadas, abrazos, encuentros, amaneceres, deseo, besos, paz... Arremolinadas alrededor de sus manos consiguieron que el día entrara en calor.

viernes, 7 de enero de 2011

El Retiro, desnudo de invierno. El centro de Madrid, barrido de gente después de la algarabía pre-Reyes. Y un manojo de nervios apoderándose de mis sueños y despertares, negándome las ganas de continuar.

A veces permanecer se vuelve algo insoportable.

martes, 4 de enero de 2011

Los primeros días del año se arrastran pesadamente entre gotas de lluvia. Cuestan. Unos en cama con gripe; otros aparentando rutina de labios y uñas bien pintados, mientras lo de dentro sigue triste; otros, ataviados con trajes de superhéroes, resolviendo problemas ajenos difícilmente abarcables ... y, en la trastienda, charcos ocupados por preguntas que no se hunden: ¿Por qué no nos fuimos lejos esta vez? Al fin y al cabo, ojos que no ven, corazón que no siente. Me siento sobre mi tristeza, la aplasto con los kilos de más de estos últimos días, mezcla de mazapanes, pimientos del piquillo, marisco y canapés variados, la asfixio... Me libero y pienso que enero suele ser muy largo, siempre.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Se va el año ...

... en que me fui a vivir sola, terminé mi máster, viajé a Turquía y decidí que quiero compartir todo contigo, cuanto antes. FELIZ 2011 y seguid todos ahí cuando acabe.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Cuando los veían mirarse con los ojos brillantísimos, besarse con las bocas humedísimas, sonreír como niños... exactamente en ese momento, comenzaban a darle a la manivela como locos, haciendo que los minutos caminaran a marchas forzadas... qué digo forzadas... forzadísimas... haciendo que la noche llegara sin apenas darse cuenta y con ella un nuevo amanecer sin colores, con telón de fondo grismelancolía y sabor a la boca propia. Al día siguiente, repetían siempre la misma frase: "¿Quién aceleró nuestras horas del sábado? Esto parece una broma pesada".

jueves, 16 de diciembre de 2010

Hacía frío. Llevaba tiempo repitiendo aquel camino. Agotada. Lo hacía de forma autómata, sin ni siquiera ser consciente del color rojo o verde de los semáforos. Las luces de Navidad llamaron su atención tan solo una vez, la primera. Luego pasaron a formar parte del decorado monótono de su trayectoria. Irremediable. Entre semana había más caminantes. Llegó a odiar esos días en los que te ves obligado a llevar el paso del de delante. Le gustaba caminar rapidito, con o sin tacones, pero rapidito. (En un intento fracasado de huida de su destino). Los fines de semana apenas se cruzaba con algún barrendero por la mañana o con algún mendigo por la noche. Ya no pensaba. Simplemente, iba y volvía. Transitaba las calles de Madrid sin pensar, desoyendo voces, ignorando latigazos verbales. Sus pensamientos quedaron encerrados en el mismo lugar donde encerró su niñez, sus coloretes y el brillo de sus ojos, su sonrisa y sus manos blanditas, inmaculadas. Rutina aplastante. Alguien le aconsejó que no pensara, que ejecutara sin más las peticiones de quien le pagaba lo suficiente como para subsistir pero que se cuidara, que utilizara siempre profilácticos. ¿Cuidarse? Si entre las "peticiones" estaba follar sin condón, accedía.

En Madrid, la Navidad arrojaba a las calles manadas de personas que compraban compulsivamente y comían calamares entre mechones de pelucones horribles. Su transitar discurría ahora bajo luces de mil colores.

martes, 14 de diciembre de 2010

Kalt ...


pero estabas cerca.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Winterzeit

Hace frío. Un cielo vestido de invierno amenaza con cubrir Madrid de nieve por primera vez. Llegó la hora de las bufandas, los guantes, los calcetines por la rodilla y las narices (y orejas) coloradas. Cierro los ojos y me sueño en medio de una plazasujetando una taza de Glühwein con las manos enfundadas en unas gruesas manoplas peruanas. Huele a canela por toda la ciudad y el sabor a galleta de jengibre apenas deja disfrutar del resto de dulces. No me gusta la Navidad, pero me encanta viajar, así que estoy deseando que llegue este viernes y aterricemos un pelín más al Norte, aunque nos resten diez grados y nos rodeen de nieve.