miércoles, 20 de enero de 2010

Con alevosía

- Acaba el último trago y nos vamos.

- ¡Acabamos de llegar!

- Lo sé pero soy incapaz de sostenerte la mirada durante más tiempo.

- No me mires a los ojos...

- Lo he intentado también pero no es posible.

- (Jajajajajajajaja) Somos mayorcitos. Deberíamos controlar un poquito las ganas, ¿no crees?

- ¿Controlar? Te espero en el de señoras... ¡siempre está más limpio!

Y al retirarse le rozó la boca pausadamente en una caricia intensa y lasciva, presagio de todas las tormentas que se desatarían después contra la pared.

lunes, 18 de enero de 2010

Trepar...







hasta tus nubes de besos.

viernes, 15 de enero de 2010

Mientras la gata mansa dormía soñando que la dibujaban tus dedos, la gata alocada salía a buscarte dese(o)sperada y tropezaba con la realidad de las calles vacías de ti.

jueves, 14 de enero de 2010

Rojo bermellón

Con o sin invitación, hace tiempo que me paseo por el tejado de tus sueños.
A veces, como gata mansa y mimosa que busca acurrucarse entre tus locuras, sin censura, bajo tus labios indiscretos, repletos de besos sin fin, sobre tus muslos, sin peor intención que la de atraparte y devolverte a la vida más tarde.
Otras veces, como gata en celo, revoltosa, que no deja de hacer sonar el cascabel, bailando entre tus manos, contoneando la silueta curvilínea que tus dedos describen sobre las sábanas cuando no estoy, reflejándome en tu mirada ansiosa, paseando por el quicio de tu boca entreabierta que espera la oportunidad para morder mientras me desea en bocanadas de aire ardiente.
Y sólo existen esas dos gatas, no hay ninguna entre la mansa y la alocada. La pasión no entiende de término medio o discreción, rojo bermellón en estado puro, dos paseos, más o menos directos, hacia esa pettit mort, que es tu despertar a un nuevo día.

domingo, 10 de enero de 2010

Últimamente

Últimamente nunca acierto con lo que me pongo y es que ahí afuera nieva, sí, pero aquí dentro siguen luciendo hermosos los girasoles.

Puede ser primavera en pleno invierno. Puede ser.

jueves, 7 de enero de 2010

Volver, volver, volver...


No conozco a nadie que esté triste porque se haya acabado la Navidad. Personalmente estoy triste porque tengo que trabajar y estudiar, aunque hay una parte de esta rutina que es refugio lleno de sonrisas y agradezco evitar los empachos nocturnos que van subiendo la agujita en la báscula nada discretamente. Estos días fueron intensos, con luces y sombras: una dosis "precisa" de familia, una visita que ha dejado muy vacía mi casa y un viaje sin atisbo de Navidad para acabar el 2009 rodeada de alegría y buen rollo.

Y volver, volver, volver... como dice la canción. Aterrizar en un 2010 que, de seguro, viene cargadito de sorpresas.
El año pasado me tomé un ratito para pensar en qué le pedía al 2009, algunas cosas sucedieron, otras no... este año aún no me he parado a pensarlo, creo que porque traigo del anterior un buen sabor de boca. ¡Y que dure!

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Vicios de diciembre

Bailar al son del tic-tac que resta.
Encontrarte bajo mis sábanas.
Celebrar tu piel con mordiscos.
Echarle un pulso a la Alhambra.
Untar tostadas con strawberry jam.
Hacer sonar cascabeles.
Pintar de rojo mil madrugadas.
Espantar miedos,
pronunciar en alto los sueños,
barrer penas,
contar pelusas
y amontonar sonrisas.
No mirar ni hacia abajo,
ni hacia atrás.
Echar de menos la poesía.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Sueño de rutina

Tenía los OjOs tan grandes que sus sueños alcanzaban lugares y dimensiones inexplicables. Al despertar, era tan cuidadoso en su forma de salir de ellos, len-ta-men-te, primero un pie y medio cuerpo izquierdo, después otro pie y el medio cuerpo derecho, lo último, último,ultímisimo eran siempre las manos. Más de un sueño se quedaba pegado a sus inmensas retinas o larguísimas pestañas y le acompañaba en el comienzo de su día y se convertía en susurro en el abrigo rojo de ella al encontrarse a la hora del café de media mañana. Siempre repetían el mismo ritual. Él la esperaba en la puerta de su trabajo, ella salía abrochándose los botones inferiores de su abrigo, él se acercaba y, mientras le besaba despacio y le daba los buenos días, terminaba de abrocharle los últimos dos botones y le susurraba "Qué bonita estás". Ella no se había acostumbrado al tono de ese susurro y aún hoy, después de oírlo tantas veces, se le erizaba la piel al paso de cada s no pronunciada.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Rastro de vos

La primera vez que me fijé en él fue tras ocupar su asiento en el vagón de metro. Estaba caliente, debía haber hecho un tramo largo allí sentado. Al sentarme levanté la vista y observé su cara de cansancio al abrir la puerta y, después, sus pasos arrastrados rumbo a la escalera. Dediqué el resto de paradas a imaginar su vida.

La segunda vez el asiento también estaba caliente pero, además, había un periódico del día anterior abierto por la página 7 en el asiento de al lado. Parecía como si viviera en el día anterior y entonces pensé que debía trabajar de noche y le añadí capítulos a su vida.

La tercera vez que me fijé en él fue invadida por un escalofrío que había congelado mi pensamiento porque, al sentarme en el asiento que acababa de abandonar, sentí frío polar. Ese día no pude imaginar nada y horas después su rastro de frío aún me recorría.

Como cada mañana, sonó el despertador a las 6:10. Desperté de mi sueño y comencé mi rutina en el mismo punto en el que la había dejado el día anterior, bajo la atenta mirada de mi (gira)sol, rastro de vos.

* Parafraseando el "Rostro de vos" de Mario Benedetti. Parafraseando, nada más.