La conozco, la he sentido aunque ahora me quede lejos. Calma me daban las horas vacías por delante que se llenaban de nombres y lugares a mi antojo. Calma me daba no tener que contar hasta diez antes de hablar. Calma me daba no correr tras un tren porque realmente cinco o diez minutos no son nada. Calma me daba comprarme una piruleta cada día al volver a casa. Calma me daba estar sola.
Ahora corro tras los trenes, subo escaleras deprisa, caigo rendida a medianoche, tengo siempre un lápiz en la mano, declino invitaciones, contesto "no puedo", pasan semanas sin ver a mi gente y hablo, escribo, hablo, escribo, hablo ... ¡me pierdo!
El atardecer suelo contemplarlo desde el otro lado del cristal, como si se tratara de una enorme tele de plasma, cada día, a su hora.
Supongo que, una vez más, valoramos lo que teníamos cuando no lo tenemos. Revisamos exigencias para exigirnos aún más. Erramos.
la cabeza en las nubes, los pies aún en la tierra
-
«El valle es de oro amargo
y el trago es largo... largo...»
*César Vallejo*
De repente comprendo que sólo sé escribir arterias con maneras de cordones
d...
Hace 1 semana
1 comentario:
Yo también extraño esas épocas de calma, y trato desesperadamente de recuperarlas de a ratos. No siempre lo logro.
Me ha gustado mucho tu blog, con tu permiso, te enlacé al mío. Lo iré leyendo despacito, ya ví que tengo mucho para leer. Excelente plan. :)
Publicar un comentario