tienen todas el sonido de tus llaves al rozarse en el momento previo a abrir la puerta.
Tienen todas el peso de tus pisadas sobre el suelo viejo de madera de la entrada.
Tienen todas la cadencia de tu respiración. Tienen todas el rostro de la tristeza y
el repiqueteo taladrante del "debí callarme". Acaban todas con un corazón tembloroso
al volver a abrise la puerta. Y un guiño... por fin estás de vuelta.
la cabeza en las nubes, los pies aún en la tierra
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«El valle es de oro amargo
y el trago es largo... largo...»
*César Vallejo*
De repente comprendo que sólo sé escribir arterias con maneras de cordones
d...
Hace 1 semana
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