Volvimos al lugar en el que habíamos abierto por primera vez algunas de las puertas de nuestras entrañas y sucedió lo que cabía esperar... continuamos abriendo puertas y ventanas, exponiéndonos ante el otro, tumbando nuestros sueños al cálido sol del OtOñO (que desde hace tiempo tiene la forma de tus OjOs y el sabor dulce de tus piropos), diluyendo nuestras pieles en largos abrazos y besos, mezclando risas con gemidos, siendo uno y una y luego Uno solo.
Guardaban los recuerdos en cajas casi idénticas. La de ella, muy rosa. La de él, muy roja. Ambas con espacio suficiente para ir llenándose con el paso de los siguientes años juntos. A veces se entretenían sacándolos a que les diera el sol y el aire y era entonces cuando se daban cuenta de que los guardaban del mismo modo: con muchísimo cariño, arropados entre algodones, en fila de a uno, perfectamente datados, cultivando todos sus colores, olores y sabores, capturando la luz del momento, el calor del lugar, anotando cada palabra, descifrando cada mirada, tendiendo el puente hasta el siguiente, ... Cada vez que se sentaban a recordar aparecían largas listas de abrazos y besos, de conversaciones interminables, de desnudas mañanas de domingos y largos paseos, juntos desvestían las rutinas de su "ahora" para reencontrar las promesas y los deseos de "entonces". Y al cerrar la tapa, una única frase: Y lo mejor está aún por venir.
De granados y calabazas. De canela y verde batracio. De membrillos y membrillas. De naranjas nuevas. De besos incandescentes. De higos almibarados. De atardeceres interminables (sin ti) y amanceres fugaces (contigo). Otoño con sabor a piruleta, ritmo de cuenta atrás feliz y olor a celebración. Otoño. Tus ojos. Y esa promesa de besarme por cada "s" perdida, abrazarme por cada "s" olvidada y borrar las despedidas convertida en rutina. Otoño. Tu abrazo. El placer de bailar en la mejor compañía. La certeza de saber volar bien.
miércoles, 6 de octubre de 2010
Es el único mago que conoce la fórmula mágica para hacer que el gusano asustado vuelva a ser mariposa y vuele. "... de algo tan bonito no puede surgir nada malo...". Y, al momento, el aire se ve alborotado por su alegría alada.
abrazos largos, cálidos, crujientes, besos sonoros, húmedos, juguetones, mordiscos con y sin dientes, sonrisas abiertas, nubes cargadas de sueños, atardeceres rosas, amaneceres blanco sábana, paseos rozados, saltos con red, lunas con sabor a canela y azúcar glas, sueños que son rutinas, rutinas que son todo un cuento. un cuento lleno de ventajas. un cuento (re)lleno de (m)ti.
viernes, 24 de septiembre de 2010
... nos quitaron los molinos... pero no podrán arrebatarnos el vientO...
Caminábamos por Estambul el día antes de volver y yo divagaba en alto y me / te preguntaba cómo es posible que haya ciudades, cuyas aceras se han comido las suelas de nuestros zapatos, que, sin embargo, no dejamos de transitar sin aburrirnos, sin encontrar siempre en ellas algo nuevo que contemplar con los ojos abiertos, mientras otras ciudades, que apenas hemos transitado durante cinco o seis días, parecen agotarse.
Las primeras son hogares, con todas las connotaciones que la palabra "hogar" tiene, entre otras ese sentido de "permanencia" y "refugio".
Las segundas son estaciones o aeropuertos, interesantes solo durante un tiempo.
Madrid sigue arrojándome mil cosas interesantes a cada paso, igual que yo sigo sin acostumbrarme a echarte (tanto) de menos.