Cuentan que él habitaba en la Antártida y ella en Madrid.
Ella le pidió un trocito de Mediterráneo, y él le regaló una
ventana a su mar. Ella le habló de sus miedos y
él los empaquetó y metió en la bodega de un barco de papel
que lanzó al mar en una tarde de tormenta. Ella le regaló
una caja llena de lunas azucaradas y él le regaló un girasol
lleno de historias que la acunaran por la noche. Ella le soñó
dormida y despierta, él la soñó dormido y despierto. Ella
dejó de asustarse y él encontró la forma de ir aproximándose.
Ella olvidó todos los pasados con nombre propio y él le
regaló un presente lleno de sol y letras que se encuentran y
mezclan y forman miles de historias llenas de risas y mimos.
bailando hasta el final de los disfraces
-
Invito a la soledad a baile.
Son fechas de carnaval, tiempo de disfraces, amor camuflado tras la mirada
póker de los días en estribillo. Amaneceres sin a...
Hace 1 semana
No hay comentarios:
Publicar un comentario